5 errores psicológicos en bolsa

5 errores psicológicos en bolsa

    5 errores psicológicos que cometemos al invertir en bolsa

    Es reconfortante pensar que los inversores son criaturas muy lógicas cuyas decisiones vinculadas con el dinero son fruto de la más estricta racionalidad. Pero la verdad es que en este sector también entran en juego una gran cantidad de sensaciones y sentimientos cuando cualquier ciudadano se plantea dónde invertir en bolsa su dinero

    Según el último informe sobre Psicología de la Inversión que publica BMO Financial Group, solo 1 de cada 3 inversores basa su metodología en bolsa en la investigación y la pura racionalidad. Y solo el 28% dice tener controladas sus emociones en todo momento. Para los que afirman no poder mantener los sentimientos al margen de la inversión, el optimismo, la anticipación y la confianza son las sensaciones que más participan en la gestión de sus carteras.  

    En definitiva, en la inversión en bolsa, como en cualquier otra faceta de la vida, entran en juego una gran variedad de influencias psicológicas que nos conducen a realizar de una u otra forma nuestras operaciones. Hemos seleccionado cinco pesos pesados emocionales que llaman a la puerta de cualquier inversor con mucha frecuencia. Tomad buena nota y decidid, antes, si queréis dejarlos pasar o no. 

     

    1. La miope aversión a las pérdidas. 

    Reconocido desde hace tiempo por los psicólogos que exploran la motivación en el comportamiento humano, este fenómeno se refiere a la visión miope de la que son víctimas propensas los individuos ansiosos de ganar dinero mediante el juego. En este caso, los inversores operan rápido y toman decisiones por impulsos en lugar de esperar a que los acontecimientos se vayan sucediendo. 

    Para las personas propensas a este tipo de pensamiento es prudente recordar esto: un retorno a la media es inevitable. La paciencia es una virtud, después de todo. Así que estar tranquilos y levantar la mirada de la operativa más inmediata. Hay mundo más allá! 

     

    2. La influencia de los acontecimientos previos a la inversión. 

    El poder de lo reciente es algo muy importante cuando se trata de las influencias externas que dominan nuestras decisiones. Lo que acaba de capturar nuestra atención, después de todo, se situa en la parte superior de la mente. Más que eso, si algo pasó una vez, nos convencemos, de que seguramente volverá a ocurrir. Una actitud que encuentra su máximo exponente en los casinos: nuestra mente nos hace insistir en las máquinas tragaperras con la convicción de que están obligadas a repetir el reparto de dinero. 

    Muchos inversores trasladan este planteamiento a la inversión en bolsa, persiguen retornos rápidos. Es mejor contrarrestar este sentimiento con una visión a largo plazo que tenga en cuenta no sólo a los mejores valores de las últimas cuatro semanas sino a los líderes de los últimos cuatro años.

     

    3. El exceso de confianza.   

    Por mucho que estudies los mercados y las fluctuaciones, probablemente nunca podrás llegar a ser un pez gordo de las finanzas. Es un privilegio de muy pocos. Por tanto, no te excedas con la confianza en tus suposiciones, ya que puede acarrearte grandes pérdidas. 

    Una evaluación realista de los conocimientos y las habilidades de uno es esencial a la hora de invertir en bolsa. Y un buen método que nos indique por dónde transitar en el camino de la inversión en bolsa, también. Eso se traduce en decisiones de inversión estables y pensadas que se basan en la verdad y no en suposiciones. 

     

    4. La mentalidad de rebaño. 

    Se necesita mucha voluntad personal para moverse en la dirección opuesta a la multitud. Pero a veces es justo el camino acertado. 

    Haga su propia investigación, considere la singularidad de su situación y de sus objetivos y metas económicas. Permanezca flexible a las nuevas fuentes de información pero no se deje llevar por todas a manera de veleta. Sea siempre metódico y disciplinado. 

     

    5. La falacia de la remontada.  

    Hay algo primitivo en los impulsos de auto-protección que se activan cuando los ciudadanos tomamos decisiones que no son las correctas, que comportan pérdidas, en el caso de la bolsa. Y, en lugar de atajarlas de raíz, los inversores se mantienen, a pesar de estar perdiendo, con el objetivo de que la situación mejore. Pero a pesar de que es muy difícil aceptar que hemos tomado una mala decisión, si su inversión se hunde, debe abandonarla. 

    Muchos inversores no son capaces de reconocer que se están equivocando y dejan así correr sus pérdidas. Pero mantener el compromiso emocional con las malas inversiones nunca es inteligente. En su lugar, considere la posibilidad de que el dinero que está hundiéndose en una determinada empresa podría estar haciendo un buen trabajo en una oportunidad más lucrativa. 

     

    La psicología humana es una bestia complicada y los inversores son víctimas de ella muy a menudo. Tomar consciencia de la existencia de estas actitudes en bolsa es el primer paso para esquivarlas. 

    ¿Has cometido alguno de estos errores al invertir? Puedes compartir tus historias en el apartado de comentarios. 

     

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